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Santa Fe

Día Mundial del Recuperador Urbano: pilares de la economía circular

Las comunidades tienen responsabilidad por los desperdicios que generan, si bien es una carga de todos, la cual tiene que ser encabezada por los gobiernos, lo cierto es la mayoría de las veces está termina siendo resuelta por los recuperadores urbanos. Sol Play dialogó en exclusiva con los protagonistas de este día.

Por Marcos Molina, con colaboración de Micaela Alegre y Marina Zavala

Día Internacional del Recuperador Urbano: protagonistas en el cuidado del ambiente

Este viernes 1 de marzo se celebra el Día Mundial del Recuperador Urbano, la fecha nace por un crimen que ocurrió en 1992: doce recuperadores urbanos fueron asesinados dentro de la Universidad Libre de Barranquilla, Colombia, luego de haber sido convocados para “recibir material reciclable”. La tragedia sucedió en el año 1992 y pudo ser informada a las autoridades gracias a un sobreviviente que logró escapar.

Para entender la realidad de los residuos en Santa Fe, Sol Play dialogó con recuperadores urbanos del complejo local, quienes recientemente habían sufrido un robo de cables que paró temporalmente las maquinarias del lugar. Si bien el complejo volvió a funcionar con normalidad, se necesita la ayuda todos para que realmente funcione correctamente y la única forma es que todos sean responsables con los residuos.

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La basura un problema mundial, argentino y santafesino

En Argentina cada persona produce aproximadamente 1,15 kilos de residuos sólidos de forma diaria, en la ciudad de Santa Fe este estimativo se reduce a un kilo. Estos datos, brindados por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación y la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de la Municipalidad de Santa Fe, sólo contemplan lo que es desechado de forma correcta y dejan de lado todo lo que se tira directamente en la calle, o lo que no forma parte de los servicios públicos de recolección de basura. Por lo que podemos asegurar que el número es aún mayor.

 Tan solo en Santa Fe, se generan entre 450 y 500 toneladas de residuos. Pero ¿qué sucede con éstos? En el caso de la capital provincial y de algunas localidades vecinas como Santo Tomé, Recreo y Monte Vera, se trasladan al Complejo Ambiental ubicado en el cruce de Circunvalación Oeste y calle Hernandarias a la altura del barrio Las Lomas. Allí son seleccionados y clasificados por los miembros de la Asociación Civil Dignidad y Vida Sana con el objetivo de recuperar lo que puede ser reciclado y evitar que terminen en el relleno sanitario, instalado a pasos de la planta, en el mismo predio.

 Maricel Ortega, Ricardo Ruiz Díaz, Celeste Rivas, Antonela Vera y Ricardo Ruiz Díaz (h) son quienes conocen mejor la situación del lugar y se animan a contarla.

La organización cumplió el pasado 19 de junio 26 años. Fue creada en 1997 como fruto de la organización social. El relato de Maricel, una de las fundadoras, recuerda que antes la municipalidad tiraba los desperdicios en una cava de cielo abierto, por lo que muchas personas vivían del cirujeo de la basura que se depositaba en el lugar. Siempre se trató de un trabajo irregular y peligroso por sus condiciones. Se comenzó entonces a pedir un encuentro con las autoridades municipales, las cosas podían hacer de forma diferente.

Finalmente, tras muchas reuniones entre la municipalidad y la asociación, se logró levantar la primera planta de reciclaje de la región sobre calle Chaco al 4040, sobre los límites de la ciudad. La narración de los inicios es relatada con pequeñas pero notorias sonrisas por sus protagonistas, evidentemente conscientes de lo que lograron con su lucha.

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Un trabajo digno

 En sus comienzos la ONG estaba conformada por 120 trabajadores, no había una gran diferencia entre el número de mujeres y hombres que la integraban. Ahora son 70 personas, curiosamente y sin buscarlo, hay paridad de género entre el número de miembros.

 Muchas personas dejaron el trabajo en la planta para buscar otra forma de ganar ingresos, especialmente los más jóvenes. Otros también se fueron por no colaborar lo suficiente o no cumplir con sus responsabilidades.

  La charla, cálida y abierta, va y viene. Hay muchas preguntas, algunas formales, otras muy necesarias. Nada queda sin contestar, ninguna respuesta se esquiva.

  – ¿Se puede vivir de la basura?

  – “De la basura se va a vivir toda la vida, de la basura, sea como sea, se vive”, relata Ricardo padre, presidente de la asociación.

 – “Se sobrevive”, corrige rápidamente Maricel. La respuesta parece convencer a todos los presentes que asienten sin peros.

 – “Es un trabajo digno”, asegura Celeste con su bufanda rosa y magenta anudada al cuello.

El comedor, casi otro mundo

Cerca del complejo funciona un comedor, donde se alimentan de forma coordinada los y las trabajadoras del lugar.

 Adentro hace calor, hay vapor, hay ollas de agua hirviendo lengua, que después será estofado para el almuerzo. A las 12 del mediodía, falta solo una hora para que los trabajadores del primer turno almuercen en el comedor de la planta, al terminar su jornada laboral y antes de volver a su casa. También llegarán los del segundo turno, ellos almuerzan y luego cumplen su horario hasta las 19.

 Puertas adentro del comedor el ambiente cambia, ya no hace frío, los vidrios y las ventanas transpiran, y el olor a comida casera inunda el salón. Una mesa larga, bancos también largos, y paredes rigurosamente revestidas en cerámica con dibujos blancos y grises enmarcan la sala. Acá no hay lugar para ninguna mosca. Todo es prolijo, limpio y ordenado. Cada detalle está bajo la custodia y la mirada atenta de Miriam.

 Miram Leguizamón es la encargada de la cocina de la asociación desde hace cuatro años. Tiene el pelo recogido, un delantal de jean enorme y la paciencia necesaria para contestar sobre los detalles de su trabajo. Ella todos los días prepara desayuno, almuerzo y merienda de los operarios.

 -“Ahora somos dos” -aclara- pero después vienen más, bajan las chicas a ayudarnos. Hacemos 326 porciones a la mañana, para el almuerzo de los dos turnos y las viandas”.

El comedor es beneficiario del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. El aporte no solo consiste en fondos para la compra de comestibles, sino que también implica visitas, calificaciones y revisiones del menú por parte de una ecónoma y también posibilidades de formación.

 Siempre compran alimentos como la carne y las verduras para toda la semana en los mismos lugares. “Así podemos pelear precios”, explica.

– “No recibimos donaciones. La Municipalidad nos da un bolsón que se reparte para la casa de cada uno. Pero es todo seco, y la gente necesita carne, verdura…”

– ¿Qué es lo que más les gusta comer?

– “Comen lo que haya, pero les gusta el estofado”, indica.

Rescatar valor

La recorrida por la planta de reciclaje impacta de lleno en todos los sentidos. El olor da la bienvenida desde lejos, se hace sentir antes de entrar, pero se vuelve más intenso al pasar por las bolsas que contienen vidrio o latas, huelen a alcohol. El ruido de las máquinas y los camiones, y las charlas de los trabajadores mientras clasifican por colores verdes, amarillos y azules la basura rescatada, completan el cuadro.

Miriam y su paciencia también hacen de guía. Muestra la ampliación del galpón, agrandado en junio 2023, que cuenta con nuevos aleros

– “Por acá entran los camiones y tiran toda la carga del día”, dice Miriam señalando desde arriba la fosa, una especie de pileta enorme y oscura que se dejó de usar porque tiene filtraciones. Como alternativa, todo se deposita en el piso.

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Desde ahí las máquinas toman la basura y la depositan en cintas que recorren a lo largo todo el galpón. A sus costados se instalan los trabajadores de la asociación para, provistos de guantes, delantales y cascos; detectar todo lo que tiene valor. El valor suficiente para ser rescatado y reutilizado en beneficio del ambiente, pero también el valor necesario para ser vendido y sostener económicamente la vida de casi 70 familias.

El proceso aún está lejos de terminar. Lo seleccionado se deposita en bolsas, según el material: plástico, papel y cartón, y vidrio. Los dos primeros pasan por una segunda clasificación, esta vez según su color.

Finalmente, lo rescatado se enfarda y se apila a la espera de las empresas -casi siempre las mismas- que compran lo que para ellas se convierte en materia prima. Así se cierra un círculo virtuoso en el que todos ganan.

El eslabón principal

 La economía circular es un paradigma que busca modificar la forma en que se produce y consume. Frente a la linealidad de proceso extracción-producción-consumo-desperdicio, esta busca generar un flujo constante en el que la basura pueda ser reutilizada y volver a insertarse en el sistema productivo. Disminuir la cantidad de desechos y extraer menos recursos naturales del planeta son los objetivos finales de este engranaje.

 Los recuperadores de residuos urbanos, como los miembros de la Asociación Civil Dignidad y Vida Sana, son el eslabón principal de la cadena de la economía circular. En los papeles, y en cientos de páginas web y publicaciones que se multiplican en Internet, su protagonismo y relevancia está clara. En los hechos, en el día a día del reciclado, de la atención a los reclamos y de la mejora concreta de las condiciones de trabajo, las cosas se tornan mucho más difusas.

 En abril pasado la agrupación fue noticia porque publicó en sus redes sociales un video en el que sus integrantes mostraban la basura que reciben cada lunes y jueves en la planta -días en los que se recolectan residuos secos-. Las imágenes daban cuenta de la cantidad de desechos húmedos mezclados en las bolsas y resumían el reclamo más importante de los recicladores: que se respete la recolección diferenciada para que ellos puedan seguir trabajando.

 “Toda la cadena falla” -dice Maricel mientras sus compañeros asienten-. “El primer responsable es el Estado, que tiene que mostrar lo que hacemos. El segundo, es la empresa que recolecta la basura, porque ellos agarran una bolsa y saben si tiene plástico o mugre. Después está el vecino, que es el principal responsable. La gente piensa que con estas cosas la municipalidad hace campaña y que colaborar es hacerle un favor, no sabe qué hay detrás. Nadie nos muestra a nosotros ni a nuestro trabajo”.

 “Que todo Santa Fe separe lo que tiene que separar”, es la consigna. Más residuos recolectados de forma diferenciada se traducen en más material para trabajar y menos desechos que agrandan el relleno sanitario.

– “Ojalá que la gente tome conciencia, entonces podríamos sobrevivir con este trabajo nomás…”- desean.

Residuos de conciencia ambiental

Cuidar el planeta y el ambiente siempre fue importante, pero en el escenario actual de crisis climática y ecológica -reconocida por la Organización de las Naciones Unidas, la República Argentina y gran parte de la comunidad científica, como los Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)- parece claro que el accionar actual es crucial. La situación crítica amerita cambios claros y concretos, y en este marco la gestión de los desechos se presenta como uno de los grandes desafíos del mundo.

La basura contamina los suelos, el agua y el aire. Además, su mala gestión produce gases de efecto invernadero. En 2018, el 4% de las emisiones de Argentina fueron producidas por desechos.

Hoy la ONU propone 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que deben ser cumplidos en 2030, como máximo, para hacerle frente a los problemas mundiales, para que las comunidades los usen de base y logren así un desarrollo con mirada socio ambiental. Si bien todos los puntos están conectados entre sí, los referidos al problema de los residuos son los siguientes: fin de la pobreza, trabajo decente y crecimiento económico, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo responsables, acción por el clima, y vida de ecosistemas terrestres. Cada uno propone que las políticas aplicadas se centren en estos ejes.

En Argentina, la Ley de Presupuestos Mínimos establece marcos para un manejo adecuado de los residuos domiciliarios mediante una gestión integral de los mismos, su valorización y con el objetivo de promover su disminución y disposición final.

A nivel local, la ordenanza 11.549 regula la gestión de los desechos de forma interdisciplinaria entre diferentes áreas pertenecientes a la Municipalidad de Santa Fe y organizaciones sociales locales.

En la ciudad, los lunes y jueves están destinados a la recolección de residuos secos que son enviados directamente al Complejo Ambiental para su clasificación. La recolección funciona en dos turnos, el matutino que empieza a las siete de la mañana y el nocturno que comienza a las nueve de la noche. Mientras que los martes, miércoles, viernes y domingos, ya sea en el turno diurno o nocturno, se sacan los residuos húmedos que son enviados de forma directa al relleno sanitario. Los vecinos que disponen del servicio de recolección matutino no sacan la basura húmeda los domingos a la mañana, y los que cuentan con el servicio de recolección nocturno, no la sacan los sábados a la noche.

Además, Santa Fe cuenta con diferentes Puntos Limpios, también denominados Ecopuntos, donde se pueden depositar artículos reciclables. Con atención personalizada, los diez centros distribuidos en distintos sectores de la ciudad reciben papel, cartón, plástico, latas, vidrio, telgopor, aparatos eléctricos y electrónicos en desuso. En estos lugares se realiza lo que se denomina Eco-Canje, los vecinos reciben a cambio plantines, chips de leña o semillas.

Por otro lado, también existen 16 Ecopuntos fijos en los que se depositan residuos reciclables como papel, cartón, plástico, metal, vidrio y telgopor. Los artículos recolectados en estas estaciones de reciclaje son enviados al Complejo Ambiental para su separación, clasificación y enfardado.

Los trabajadores y las trabajadoras del complejo necesitan llegar a los 66 fardos para poder vender el material que reciclan, es por eso que piden a todos y cada uno de los vecinos santafesinos que presten atención a la hora de sacar la basura. No todo se puede reciclar y lo que sí es apto, debe llegar limpio, en buen estado. De lo contrario, se envía al relleno sanitario.

Ortega resalta qué productos no se pueden reciclar dentro del Complejo Ambiental y que, como consecuencia, deben ser enviados al relleno sanitario. Entre ellos se encuentran las bolsas de galletitas, las bandejas de y de plástico descartables, y los sachet de leche o yogur. Muchos de estos elementos podrían ser recuperados con la tecnología que hoy existe, pero el complejo no cuenta con la maquinaria necesaria para la recuperación y, además, faltan compradores.

 Entre esos productos si pueden reciclarse se cuentan las botellas de lavandina, los envases de shampoo y detergente, los baldes, las fuentes de plástico y los tuppers.

 En lo que respecta a las ecobotellas o botellas de amor, repletas de diferentes plásticos reciclables no tóxicos, son recibidas por los trabajadores de la asociación, pero no pueden ser recicladas, así que las intercambian con una empresa por otros elementos que sí pueden ser recuperados dentro de la planta local. Sin embargo, los integrantes de la asociación insisten en que prefieren no recibir este tipo de artículos.

– “Por más que se haga toda la planta nueva, si no se profundiza en el tema del reciclado, esto va a durar lo que dura” -determina Marisel-. “Las máquinas se van a seguir rompiendo, la cinta no va a durar ni un año porque se pudre y se corta… No se trata de mostrar el tachito y contar cómo separar; sino de venir, filmar y mostrar: ‘si vos reciclás, pasa esto’. Contar que hay gente que vive de esta actividad, mostrar esta cara, el lado humano. Creo que la gente no separa porque no sabe lo que hay detrás y porque quienes están a cargo tampoco saben cómo mostrarlo. Hay que tener empatía y ponerse en el lugar del otro”.

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