Día del periodista: el arte de vivir por una pasión profesional
Cada 7 de junio se conmemora en Argentina el Día del Periodista, una fecha instaurada en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas en homenaje a la fundación de “La Gazeta de Buenos Ayres”, el histórico periódico creado por Mariano Moreno en 1810.
Detrás de la efeméride, existe una profesión que atraviesa mucho más que una simple tarea laboral. El periodismo es compromiso. Es una manera de vivir y de mirar la realidad. Es cuestionar constantemente, reconstruir historias y tratar de entender lo que pasa para después contarlo de la forma más fiel posible.
Ser periodista también es pasión. Es una de esas profesiones que dejan de ser únicamente un trabajo para transformarse en una forma de vida. No entiende de horarios, feriados ni descansos. Se vive las 24 horas, porque siempre hay algo pasando y alguien esperando saber qué ocurrió.
El periodismo también es estar. Estar en otro lugar cuando todos festejan y cuando pocos quiere dar la cara. Es correr detrás de una noticia en medio de una inestable calma, llegar primero, equivocarse, volver a empezar y seguir igual. Es sentir adrenalina antes de salir al aire, emoción al contar una historia y responsabilidad cada vez que se prende un micrófono. Es volver a casa tarde, vivir pendiente del teléfono y aun así no imaginarse haciendo otra cosa. Porque el periodismo no se apaga cuando termina un programa o una transmisión: se lleva todo el tiempo.
El periodismo tiene además un rol fundamental dentro de la sociedad: ser puente. Entre el poder y la gente. Entre las decisiones y sus consecuencias. Entre el gobierno y la sociedad. Entre quienes tienen voz y quienes muchas veces no logran ser escuchados.
Es, en muchos casos, la voz con la que millones de personas arrancan el día y también el lugar al que recurren cuando necesitan entender una noticia, una crisis o un momento histórico.
Muchas veces es una profesión ingrata. No suele estar ligada a los grandes reconocimientos ni a las fortunas económicas. Sin embargo, sigue siendo una tarea sostenida por la vocación, por el deseo de buscar la verdad y por la necesidad de escuchar todas las campanas antes de contar una historia.
En tiempos de inmediatez, desinformación y opiniones constantes, el periodismo sigue teniendo el enorme desafío —y la responsabilidad— de intentar narrar los hechos tal como suceden.

