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Santa Fe

Robaron por cuarta vez en un kiosco de Bº Centro y dejaron un mensaje tenebroso: una estampita de San La Muerte

El comercio ubicado en 4 de Enero al 3.200 sufrió el cuarto robo en un mes. El delincuente violentó la reja, ingresó y se llevó mercadería. Además, dejó una estampita de San La Muerte en una silla. El encargado del comercio la quemó.

Cuarto robo en un kiosco y una estampita de San La Muerte

La inseguridad no tiene límites en la ciudad de Santa Fe. Un kiosco ubicado en 4 de Enero al 3.200 en barrio Centro sufrió el cuarto robo en un mes. Pero esta vez, el delincuente dejó un mensaje espeluznante: una estampita de San La Muerte en una silla.

El hecho ocurrió este madrugada en el comercio ubicado frente a la Plaza Constituyentes. El ladrón forzó la reja de la puerta, ingresó al local y se llevó cigarrillos, bebidas alcohólicas y varios chocolates.

Antes de retirarse del kiosco, el delincuente dejó una imagen del Santo de la Muerte posada en una silla ubicada en el interior.

“Si tenía alguna maldad, ya no está, mi encargado la quemó”, dijo la empleada en diálogo con Sol Play.

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Además, reconoció que “se trataría del mismo delincuente” quién ingresó en las cuatro oportunidades. “Es alguien que nos toma de punto. Entra siempre de la misma manera: descalzando la puerta”. “Es una tomada de pelo lo que hace”, sostuvo.

La empleada dijo que las denuncias fueron radicadas en la comisaría y que están a la espera de los registros fílmicos del local para dar con el responsable de los delitos.

Quién es San La Muerte 

San La Muerte es una figura de culto popular presente sobre todo en el noreste argentino (Corrientes, Misiones, Chaco, Formosa) y en zonas limítrofes de Paraguay y el sur de Brasil. No forma parte del santoral oficial de la Iglesia católica, pero su devoción se entrelaza con prácticas de religiosidad popular, sincretismo y creencias locales.

Se lo representa como un esqueleto humano, generalmente pequeño (de unos pocos centímetros hasta unos 30 cm), tallado en madera, hueso o metal, a menudo portando una guadaña. Es considerado por sus devotos como un protector que puede conceder favores, otorgar salud, prosperidad o protección, pero también se le atribuyen castigos si no se cumplen las promesas o “pagos” pactados.

El origen del culto no está documentado de manera oficial, pero se cree que surgió en el cruce entre creencias guaraníes, tradiciones católicas coloniales y la figura de la Muerte como entidad personificada. Su veneración suele practicarse en ámbitos domésticos, altares privados o en contextos de promesas personales, y en algunos casos se asocia a rituales de magia o curanderismo.

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