Entrevista realizada por Enrique Cruz, periodista de SOL
91.5, para diario El Litoral:

 

Pidió un cortado y miró con emoción la contratapa de El
Litoral con esa foto que tanto dice del festejo de uno de sus goles ante
Banfield. Su inseparable amigo Beto Gaitán le recordó un par de cuestiones que
debía atender después. Es que el Bichi debía aprovechar al máximo esos pocos
instantes que le quedaban en Santa Fe. Había llegado de Mendoza, donde jugó
fútbol indoor ante 6.000 espectadores y preparaba el inminente viaje a Coronel
Dorrego primero, para visitar a su “nutrida” familia y luego emprender un viaje
a España, para pasear y, de paso, iniciar un emprendimiento comercial.

 

Ya todo pasó. Los casi 20 años de carrera, los 144 goles en
302 partidos que lo ubican como “el más grande de todos” en Colón, las
emociones de la noche ante Godoy Cruz y un cierre a toda orquesta en la tarde
en que descendió Banfield. El futbolista ya fue. El Bichi lo asume, por más que
tantas cosas le estén dando vueltas por su cabeza.

 

—¿No te arrepentiste todavía?

 

(Risas) —No, no… Jamás se me pasó por la cabeza pensar que
me equivoqué. La decisión la tomé hace bastante, mucho antes de haberla
anunciado. Los cuatro goles de los últimos dos partidos me pusieron feliz y
sirvieron para agrandar la cuenta personal. Lo que más quería era que el hincha
lo disfrutara y que me viera irme haciendo goles.

 

—Generalmente, el jugador prolonga el retiro y se va en una
categoría inferior o es el fútbol quien lo retira. Y vos te fuiste haciendo
cuatro goles…

 

—Lo hablé con amigos a este tema. Los muchachos del Indoor
me decían eso. Es otra de las lindas cuentas personales que tengo en mi haber.
Algunos se van marcando un gol, yo lo hice haciendo cuatro en los últimos dos
partidos. ¡Qué loco, no!

 

—¿Qué pensaste en el momento en que Beligoy pitó el final
del partido con Banfield?

 

—Ahí no me di cuenta de que había terminado mi carrera.
Cuando llegué al vestuario, me senté, y mientras me sacaba la ropa, vi que
estaba dejando lo más lindo que me acompañó durante toda mi vida. Era
consciente de que se terminaba, pero también que me iba bien y eso me puso
feliz.

 

—¿Tuviste miedo en estos tiempos de retirarte y que Colón
saliera campeón?

 

—Si lo hubiésemos conseguido hace años, la decisión de
retirarme hubiese sido la misma. Yo sé que Colón va camino a ser campeón, ha
crecido muchísimo en todo aspecto y veo que ser campeón está al caer. Puede ser
este año, el que viene o el otro, pero se dará.

 

—¿Lo ves como un proceso irremediable?

 

—Vi muchas cosas que fueron mejorando. Hay que mentalizarse,
armar un equipo sin nombres rutilantes pero con gente con hambre. Si te ponés a
analizar los que salieron campeones en los últimos años, ¿por qué no Colón? Hay
que tener una regularidad de diez partidos que lamentablemente no tuvimos…

 

—Vos, como todos, habrás visto a Banfield, Arsenal, Lanús y
Argentinos que salieron campeones. Y te habrás preguntado: ¿por qué nosotros
no?

 

—Claro, seguro… Lo fundamental es tener un equipo con
hambre. Y ojo, que se entienda bien, no es que acá vinieron jugadores sin
hambre. Pero a veces se buscaron nombres importantes y les pesó la camiseta. El
hincha no quiere sólo un predio, un estadio, un buen hotel o un buen pasar
institucional. El hincha quiere salir campeón. Valora lo otro, pero quiere que
nosotros en la cancha hagamos lo que más quieren.

 

—¿Pesa la camiseta de Colón?

 

—Pesa. Y mucho más de local. De todos los jugadores que
pasaron y vinieron con pergaminos importantes, hay pocos que tuvieron buenos
rendimientos. Los que más rindieron son los que llegaron sin nombre pero a
matarse y a ganarse un lugar.

 

—¿Lo hablaste con ellos?

 

—Es difícil hablarlo… Te voy a dar un ejemplo: el Tano
Gracián. El jugó en Vélez, en Boca, en Independiente, en México. Sin embargo,
le costó jugar en Colón. Yo sé que es difícil hablar de esto con un compañero,
pero es la realidad.

 

—Vos te pusiste la de River…

 

—Sí, pero todas las camisetas pesan. ¿Cuántos partidos hemos
jugado sabiendo que no podíamos ganar de local y que el hincha estaba molesto?,
fue nuestra realidad durante muchos partidos.

 

—¿Como se entiende lo de Caire entonces?

 

—Lo primero fue el respaldo que le dio Sensini. Además, él
supo ganarse su lugar, es un pibe que entrena ciento por ciento, muy
profesional, es el primero en llegar y el último en irse. Le puso el pecho a
las balas y hoy es uno de los más importantes del plantel.

 

—¿Qué fuiste: caudillo o ídolo? Lamentablemente, el límite
entre el caudillo y el “camarillero” es muy chiquito. Y a vos te tildaron de
“camarillero”…

 

—Parece que cuando tenés buena relación con los dirigentes y
el plantel, se interpreta mal. Jamás discutí con un dirigente, ni acá ni en
ningún club en el que estuve. Si tuve que ir a pelear algo con los dirigentes,
lo hice de la mejor manera, porque hablando se entiende la gente. Siempre tuve
buena relación con mis compañeros y también con los dirigentes. Por eso me
dolió que me tildaran de camarillero.

 

—Mucha gente dice que te peleaste con Lerche…

 

—Con Germán tuve y tengo una muy buena relación, porque
siempre le reconozco que se la jugó por mí… ¡Pero se la jugó de verdad, eh! Y
después, con mis compañeros, me llevé muy bien, con Píccoli y con Tombolini
como con todos, sin distinciones, a pesar de que uno pueda tener más afinidad
con alguno.

 

—Germán se la jugó cuando Falcioni no te quería…

 

—Yo le dije a Falcioni que me iba a ir porque no compartía
muchas cosas con él. Fijate que luego tuvo problemas con los referentes y hoy
los tiene en Boca. Yo le dije que hablara con el presidente y que le diga que
no me va a tener en cuenta para que Germán me deje ir. En el último partido en
Chile me lesioné y Germán me vino a buscar.

 

—Lerche es un dirigente relativamente nuevo en el fútbol.
¿Qué es lo que le falta para consolidarse?

 

—Es difícil decirlo… Creo que todos los presidentes se
consagran como “grandes” cuando pueden conseguir un campeonato. Es lo único que
le falta a Germán. Todo lo demás lo hizo, y lo hizo muy bien. Tiene muy buena
relación con la gente de AFA, con los clubes y eso, lo de ser campeón es, para
mí, lo único que le falta para completar una gran obra. Sería muy bueno que
Colón consiga el título estando él en el club. Me encantaría que así fuera.

 

—¿Hay buenos dirigentes en Santa Fe?

 

—Sí, totalmente. Vignatti lo sacó a Colón del fondo del
agua, apareció José y el club se empezó a transformar. Y después, todo lo que
hizo Germán desde hace seis años… Y no solamente Colón, creo que Unión
también ha tenido y tiene grandes dirigentes.

 

—No te imagino mucho tiempo fuera del fútbol. ¿Seguís con la
idea de no ser técnico de Colón?

 

—Por supuesto… Técnico de Colón jamás seré. Siempre pongo
el caso de Leo Astrada, es el tipo con más títulos en la historia de River,
capitán por muchos años en el club, dirigió un año y después se tuvo que ir por
la puerta de atrás. El hincha de Colón vino a mi despedida un lunes a la noche
con frío y no le importó. Entonces, no me gustaría tirar por la borda ese
cariño que el hincha me demostró. El estadio estaba a reventar y no quisiera tirar
eso que me costó catorce años construir, dirigiendo tres meses y que las cosas
no salgan como uno quiere.

 

—¿Y dirigente?

 

—Puede ser. No es fácil decir que voy a ser presidente del
club, más allá de que en algún momento lo haya deslizado en alguna charla,
porque tengo muchas cosas que aprender. Cuando me sienta realmente capacitado,
veré si puedo serlo. Pero me encantaría seguir ligado a Colón de alguna forma.
Y lo haré.

 

—¿Qué te sorprendió de esa noche con Godoy Cruz?

 

—Todo. No sólo lo del partido, sino lo que viví antes, y
durante todo ese día.

 

—¿Y de afuera?

 

—Muchos llamados, muchos de verdad. El Cholo Simeone, Omar
de Felippe… Dady Brieva, que es un enfermo de Colón y me tiene como un
ídolo… Después del partido debo haber recibido entre 150 y 200 mensajes. Eso
me demostró que me quieren, no sólo en Santa Fe sino en otros lugares también.

 

—¿Te asusta esto del día después del retiro?

 

—Es que recién estoy cayendo que soy un ex jugador…

 

—Hay casos emblemáticos como el del Chapa Suñé, que se quiso
suicidar cuando dejó de ser famoso, buscado y renombrado. Pero alguna vez hablé
el tema con el Huevo Toresani y contó lo difícil que se le hacía soportar un
domingo sin fútbol, por ejemplo…

 

—Va en la personalidad de cada uno, yo también lo hablé con
el Huevo con quien compartimos una amistad. Soy un tipo que siempre me he
relacionado con mucha gente que no tiene nada que ver con el fútbol, eso me
mantiene ocupado y tengo bastante armada mi cabeza en ese sentido y hoy soy un
ex jugador que no extraña nada… Ya veo que el 5 de agosto me quiero matar
porque no estoy jugando…

 

—Muchos se retiran y dicen que se van porque el fútbol es
una porquería…

 

—En estos 20 años me pasó de todo, jugué en clubes en los
que no cobré, sufrí, jugué en canchas que eran un desastre, estuve en el
ascenso… También me pasaron cosas geniales, como vivir en lugares increíbles,
jugar contra monstruos, estar en la Selección… Soy un agradecido al fútbol, no me
puedo quejar y no es que me retiré por estar cansado de algo, lo disfruté hasta
el último partido y sabiendo además que era el último. Me voy queriendo que el
hincha me viera bien.

 

—Fuiste respetuoso con el Chino Garcé, cuando hablaste de
sus declaraciones…

 

—Todos tenemos diferencias y con el Chino discutimos y nos
insultamos en la cancha, pero hemos sido amigos de verdad y lo seguiremos
siendo. Cuando murió mi papá estuvo muy cerca de mí y lo propio hice yo cuando
pasó lo de su mamá. Me fui a su pueblo y estuve a su lado en un momento muy
duro para él. No podemos compartir todos los mismos pensamientos, él tendrá sus
motivos y su forma de ver las cosas.

 

—¿No compartís lo que dijo?

 

—Es su pensamiento, tendrá algún motivo, quizás pensó que no
iba a tener la repercusión que tuvo. Algunas cosas las hablé con él, pero no
pensé que las iba a decir tan abiertamente.

 

—Recién hablaste de tu papá. ¿Cuánto te ayudó el fútbol para
superar ese duro trance?

 —Mi viejo quería que fuese jugador de fútbol toda la vida,
le hubiese encantado verme el día del retiro. Le agradezco a la vida haber
hecho goles para dedicárselos. Perdí a mi papá poco antes del retiro, pero
tengo el mejor recuerdo siempre. El único reproche que tengo es que no haya
estado el día de mi despedida.

 

—Nunca te negaste a una foto, a una firma. ¿Alguna vez te
cansó la popularidad?

 

—Jamás. Si somos conocidos es gracias al fútbol y a la
gente. Que te aplaudan y te idolatren es lo más lindo que a uno le puede pasar.
No tiene nada de malo que te pidan fotos, autógrafos, ayudar de la manera en
que podamos. Robarle una sonrisa a un nene es tremendo. Me ha pasado de ir al
Hospital de Niños o a un barrio que vos sabés que jamás nos hubiesen conocido
si no era porque uno iba… Yo también fui chico y el que ama al fútbol desea
con ganas conocer a un jugador. Y sé que una foto con un chico es un recuerdo,
para él, que jamás olvidará.

 

—¿Te gusta esto de ser ídolo?

 

—Es muy fuerte, me gustaría que me reconozcan como el que
más jugó, el que más goles hizo y el goleador de la provincia. Pero no me
siento ídolo.

 

—¿De verdad me lo decís?

 

—Ídolos de Colón son la Chiva di Meola, Cococho Álvarez o el Bambi Aráoz,
que son los más reconocidos y se lo merecen. Yo me siento muy querido, muy
respetado y la gente será así conmigo. No me molesta que me digan que soy el
ídolo de ellos, pero yo jamás lo diría.

 

—De todos modos, marcás diferencia sobre cualquier otro,
incluso sobre los tres que nombraste…

 

—Está bien, pero te repito que jamás me lo creería por mí
mismo. Yo me voy a quedar a vivir acá, me siento santafesino y ésta es una
decisión tomada desde hace tiempo. Salvo Paloma, mi hija, ninguno del resto de
la familia es de acá, pero éste es un lugar hermoso para vivir y está el club
al que mi familia ama tanto como yo. Santa Fe es mi lugar en el mundo.

 

—¡Qué loco esto que decís!… ¿Te lo imaginabas cuando
pateabas en los potreros de Coronel Dorrego?

 

—Jamás… Yo soñaba con ser Francescoli o Funes… Bah, era
Funes, porque Francescoli es un exquisito al lado mío, pero ni loco se me
pasaba por la cabeza eso de conquistar una hinchada y ser ídolo. No jugaré más
al fútbol, pero a Colón lo llevaré siempre en mi corazón, hasta el último de
mis días.