Fuegos artificiales y pirotecnia en Navidad y año nuevo
Con la llegada de la Navidad y el cierre de un nuevo año, el uso de fuegos artificiales vuelve a instalarse como tema de debate. Mientras muchas personas los asocian a la celebración y al festejo, organizaciones, profesionales de la salud y colectivos sociales insisten en un pedido claro: celebrar sin pirotecnia sonora.
El principal motivo tiene que ver con el impacto que los ruidos intensos generan en distintos grupos de la población. Personas con trastornos del espectro autista (TEA), niños pequeños, adultos mayores y quienes presentan hipersensibilidad auditiva pueden sufrir episodios de estrés, ansiedad o crisis frente a explosiones repentinas. Lo que para algunos es un momento de alegría, para otros puede convertirse en una experiencia angustiante, especialmente en una fecha que debería ser de encuentro y calma.
El pedido también pone el foco en los animales. Perros, gatos y aves perciben los sonidos con mucha mayor intensidad que los humanos. Durante las fiestas, son frecuentes los casos de mascotas que entran en pánico, intentan escapar, se lastiman o permanecen desorientadas durante horas. La fauna silvestre tampoco queda al margen: aves y otras especies pueden verse gravemente afectadas por los estallidos nocturnos.
A este escenario se suma el impacto ambiental. La pirotecnia libera sustancias químicas y partículas contaminantes que afectan la calidad del aire y contribuyen al deterioro del entorno. En un contexto donde la conciencia ambiental gana cada vez más espacio, el uso de fuegos artificiales aparece como una práctica que va a contramano del cuidado del ambiente.
En muchas ciudades, como Santa Fe, existen normativas que prohíben o restringen el uso de pirotecnia sonora, permitiendo únicamente opciones de bajo impacto. Sin embargo, más allá de las ordenanzas, el mensaje apunta a una responsabilidad colectiva: repensar la forma en que se celebra.
Cada vez más personas eligen alternativas que mantienen el espíritu festivo sin generar daño: espectáculos de luces, juegos lumínicos, elementos visuales o celebraciones más íntimas y conscientes. Propuestas que permiten compartir la alegría de la Navidad y el Año Nuevo desde un lugar más empático.

