Los glaciares se están derritiendo y recientemente se ha encontrado evidencias en las capas de hielo de rastros de contaminación del aire causada por el hombre.


En el núcleo del glaciar Quelccaya (Cordillera de los Andes en Perú), de 1.200 años de antigüedad, los científicos encontraron rastros de plomo y mercurio, químicos empleados después de la ocupación española en las minas de plata de Potosí, Bolivia.

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Los glaciares reciben elementos traza exclusivamente de la atmósfera y, por lo tanto, pueden usarse para evaluar con precisión el posible impacto a gran escala de las actividades antropogénicas a través del tiempo“, dice el informe del Centro Byrd de Investigación Polar y del Clima de la Universidad de Ohio. “Hoy en día, no hay glaciares en la Tierra donde no se pueda detectar la deposición atmosférica de origen antropogénico“, añade.

Los glaciares han estado en retirada durante varias décadas, pero lo que los científicos están aprendiendo ahora es el factor importante que juega la contaminación del aire en su declive.

En Argentina recientemente se establecido la ley de glaciares, pero no establece grandes medidas respecto a la contaminación del aire.

Según la investigación hecha por el Instituto Nacional de Investigación sobre Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM) en Perú, el carbono negro fomenta el derretimiento de la nieve o el hielo en los glaciares de la Cordillera Blanca, ya que intercepta y absorbe la luz solar, favorece el aumento de temperatura.


El origen del carbono negro que se deposita sobre los glaciares es de diferente procedencia. Puede ser de los incendios forestales, la quema de pastos y residuos agrícolas, así como del parque automotor“, explicó Jesús Gómez, Director de Investigación de Glaciares del INAIGEM.

A medida que los glaciares se derriten, las ciudades y pueblos cercanos corren riesgo de inundaciones e incluso pueden desatarse avalanchas.

La mayoría de los glaciares del mundo se han reducido en las últimas décadas debido al aumento de la temperatura global, pero el fenómeno es especialmente rápido en los Andes tropicales desde la década de 1950, según el Atlas de Glaciares y Aguas Andinos, publicado recientemente por la UNESCO y GRID Arendal.

Fuente: ONUMA