La historia de Cocó, el gallo de barrio Ciudadela
Lo que comenzó como una curiosa aparición terminó convirtiéndose en un conflicto que mantiene enfrentados a los vecinos del barrio Ciudadela. Cocó, un gallo que apareció hace unos cinco meses junto a una gallina que luego desapareció, quedó solo y empezó a deambular por la zona hasta ganarse el cariño de parte del vecindario.
“Un día apareció con una gallina, no sé cómo, y la gallina duró dos días nada más. Después se la llevaron y el gallo quedó. Y quedó y quedó”, relató una vecina del barrio en Sol Play. Con el paso del tiempo, varios vecinos comenzaron a darle agua y comida, y algunos incluso manifestaron su intención de adoptarlo. “Uno se encariña. Ya es como la mascota del barrio. En vez de un perro, es un gallo”, contó.
Sin embargo, no todos comparten el mismo afecto por el animal. El principal problema son sus cantos, que en algunas ocasiones se escuchan de madrugada. “A veces son las dos de la mañana y se escucha. En este barrio hay gente grande, algunos están enfermos, y también hay que entender eso”, explicó la mujer, que aclaró no tomar partido por ninguna de las dos posiciones.
El gallo en los techos de las casas de Ciudadela
El ataque a tiros al gallo de Ciudadela
La situación escaló en los últimos días cuando un vecino intentó matar al gallo disparándole con un aire comprimido, un hecho que quedó registrado por cámaras de seguridad. Afortunadamente, Cocó logró escapar. “Está mal lo que hizo este vecino. Además es muy peligroso, porque si pasaba alguien y le pegaba sin querer…”, advirtió.
Según cuentan los vecinos, ya se intentó intervenir para retirar al animal, incluso con la presencia policial, pero sin éxito. “Como se sube muy arriba de los árboles, intentar agarrarlo también es un peligro”, señalaron. Además, Cocó es arisco y no se deja atrapar. “Intentaron varias veces llevárselo, pero no pueden”, agregaron.
Mientras tanto, el gallo sigue recorriendo las calles del barrio y despertando opiniones encontradas. “Hay gente que lo quiere y gente que no. Algunos vecinos se lo quieren quedar y me parece perfecto, si ellos lo quieren cuidar”, sostuvo la vecina, quien pidió encontrar una solución consensuada. “Habría que buscar un arreglo entre todos, un lado positivo, para no pelear”.
Entre anécdotas y risas por los intentos fallidos de atraparlo, Cocó se convirtió en un símbolo inesperado de convivencia —y conflicto— en Ciudadela. Por ahora, el gallo sigue cantando y el barrio sigue debatiendo qué hacer con él.

