El Zanjón de la Muerte de Aristóbulo “sigue exactamente igual”
El “Zanjón de la Muerte”, como lo bautizaron los propios vecinos, volvió a ser noticia. A un año del informe especial realizado por Sol Play sobre este punto crítico de la avenida Aristóbulo del Valle al 10.300, en el límite entre la ciudad de Santa Fe y Monte Vera, un nuevo incidente vial encendió las alarmas: un automóvil cayó dentro del canal y el conductor tuvo que ser rescatado. La escena, que lamentablemente ya no sorprende, reavivó la preocupación de quienes viven y transitan diariamente la zona norte.
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Jorge Maya, referente vecinal, volvió a insistir con una propuesta que circula desde hace tiempo pero que no se concreta: el entubamiento del zanjón. “Estamos planteando el entubamiento. Ingenieros, arquitectos, vecinos de muchos años me dijeron que está muy bien hacerlo, pero no cerrarlo completamente. Hay que hacer una loseta de hormigón armado en la base y en los costados por la erosión, y colocar guardarraíles para que los autos no se caigan y no provoquen accidentes fatales”, explicó.
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Entre el abandono y la resignación
Los testimonios recabados por Sol Play reflejan un sentimiento compartido: abandono. Varios vecinos afirman que las gestiones ante distintas administraciones municipales fueron constantes, pero infructuosas. “Hace 20 años que realizamos todas las gestiones en Obras Públicas. Nos sentamos con ingenieros, arquitectos, para delinear este proyecto comunitario. Pero nunca fuimos prioridad”, lamentó Maya.
Otra vecina fue tajante: “Hemos visto caer cantidades de vehículos ahí adentro, incluso hasta ha habido muertos. Lleva muchísimos años esto así y ni siquiera han hecho un guardarraíl”. El zanjón, según denuncian, no solo representa un peligro vial, sino también un serio problema de salud pública: “Estamos en plena lucha contra el dengue, y esto es un foco de infección enorme. La población creció muchísimo y seguimos con este zanjón en el medio de la avenida”.
Una herida abierta en el norte
Los reclamos se acumulan. Hay quienes señalan que en los meses de calor el mal olor se vuelve insoportable y en invierno, por falta de limpieza, se registran anegamientos que afectan a las viviendas. Otro vecino fue contundente: “Llevamos 14 años viviendo acá. La cantidad de muertes que ha habido y autos que caen es impresionante. Han habido protestas, manifestaciones, pero nunca se dio ninguna solución. Es como si no les importara”.

Además del estado del zanjón, hay un problema estructural en todo el barrio: calles intransitables, falta de cordón cuneta, ripio y mantenimiento general. “Yo viví 30 años, me fui 10 y volví. Está exactamente igual. No hay mejoras, no hay nada. Esta esquina es un peligro. Estamos abandonados”, expresó otra vecina.
Una zona sin votos, una obra que no llega
Entre los testimonios, también aparece con fuerza la sensación de discriminación territorial: “Es una problemática política. No hay votos en el barrio, por eso nadie se ocupa”, señaló una mujer que lleva décadas en el lugar. La percepción de olvido es unánime. Los vecinos coinciden en que las intervenciones estatales son esporádicas y sin impacto real: “Cuando vienen, hacen trabajos que no perduran. Son como para decir ‘hicimos presencia’, nada más”.
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El llamado “Zanjón de la Muerte” sigue ahí. Visible, riesgoso, sucio, olvidado. A pesar de los informes, de las denuncias públicas, de los accidentes que se repiten, la respuesta estatal no llega en forma de soluciones estructurales. Mientras tanto, Altos del Valle continúa siendo escenario de una historia que se repite: la de vecinos que piden lo mínimo indispensable para vivir con dignidad, y una trampa que, a fuerza de caídas y abandono, se convirtió en símbolo de una deuda que aún no encuentra reparación.

