17 febrero, 2017 - 13:16

Policías le salvaron la vida a un abuelo que se asfixiaba

El hecho fue esta mañana en un local de comidas rápidas cuando el hombre mayor se encontraba desayunando y se atragantó con comida. Los uniformados le practicaron una maniobra de primeros auxilios que se brinda en los cursos de capacitación policial.

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Foto: Captura Street View

Los suboficiales Wilson Mazó y Alejandro Bruna, de la Brigada Motorizada de la Unidad Regional I (depto. La Capital) de la Policía de Santa Fe, salvaron este viernes la vida a un abuelo de 83 años, quien se había atragantado con un trozo de medialuna en un local de comidas rápidas.

Esta mañana, en diálogo con los medios de comunicación, la subcomisario Ivana Carballo, jefa de la mencionada área, explicó que el suceso tuvo lugar cuando los agentes “de la Brigada Motorizada que cumplían sus funciones ordinarias fueron convocados por un pedido de auxilio de un personal de seguridad que trabaja en un local gastronómico situado en Eva Perón y San Martín”.

Los dos uniformados protagonistas de esta historia explicaron cómo actuaron. El suboficial de Policía Wilson dijo que “íbamos patrullando la zona asignada y avistamos al seguridad del local que hace señas desde el interior. Descendemos de las motos, ingresamos y nos encontramos con este señor de avanzada edad que no podía respirar y estaba prácticamente azul porque le faltaba el aire”.

Como el abuelo “estaba apunto de desvanecerse”, precisó Wilson, “lo levanté y mi compañero procede a hacer la maniobra de Heimlich que aprendimos en el curso de la motorizada. Por suerte salió todo bien”, agregó.

A su turno, el suboficial de Policía Bruna indicó que en dicha práctica médica “se trata de buscar el punto del esófago y de ejercer presión con el dedo pulgar sobre el torax para que la persona expulse lo que le obstruye las vías respiratorias”.

Para hacerlo, el agente dijo que “tomé desde atrás (al abuelo) y práctique la maniobra. Tras reiterados intentos expulsa lo que tenía, que era un trozo de medialuna”. Luego “cuando se normalizaron sus signos vitales y empezó a respirar con normalidad le dimos agua, se puso de pie y no quiso ser atendido porque tenía una patología rara y no quería que nadie lo toque”, expresó.

Finalmente Bruna dijo que el abuelo “se paró, nos dio las gracias, estaba contento con nuestra labor, y se retiró”.

Tanto Mazó como Bruna integran las filas de la Brigada Motorizada de la URI, tienen 21 y 26 años y regularmente viajan a la ciudad de Santa Fe desde su pueblo natal, El Nochero, para cumplir sus funciones.

Fuente: Ministerio de Seguridad

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